Seguramente ya visitaste las cascadas de Tamasopo y te han dicho que las de Puente de Dios son
más impresionantes. La curiosidad es grande y muchas veces las expectativas son mayores
que la realidad. Sales del pueblo de Tamasopo y tomas un camino, siempre tropical, hacia El
Cafetal, una comunidad cuyo único atractivo parece ser la estación de tren, que te remonta a
tiempos pasados. Ahí, algunos niños te abordarán para ofrecerse como guías al Puente de Dios.
Puedes aceptar o no, pero si alguien conoce bien los rincones y las historias son ellos, y vaya que
narran historias muy interesantes.
Las cascadas de Puente de Dios no son del todo idóneas para el turista convencional, porque se
requiere caminar por una vereda bien demarcada entre el denso follaje, pues allí no hay infraestructura
ni puestos de comida. Es un lugar más atractivo para aventureros y exploradores, quienes en sus
mochilas cargan agua y alimentos para hacer senderismo y llevan también tienda de campaña y
bolsas de dormir, si pretenden quedarse a pasar la noche.
Conforme vas aproximándote al río, el rumor del agua se hace cada vez más fuerte y la vegetación
más densa. Llegas a la orilla y te das cuenta de que aquí el río es más caudaloso que abajo, en Tamasopo.
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