Desde que la Secretaría de Turismo federal instauró en 2001 el programa Pueblos Mágicos,
con apoyo de los gobiernos estatales y municipales, a la fecha se le ha otorgado esta
distinción a 50 localidades, correspondientes dos a San Luis Potosí: Real de Catorce y
Xilitla.
El programa no pretende rescatar, sino más bien reconocer sitios que cuentan con atributos
histórico-culturales que los mismos habitantes han sabido preservar a lo largo del tiempo, y
ese reconocimiento se convierte en un detonador de desarrollo turístico que beneficia tanto
a los lugareños como a los visitantes, siempre ávidos de conocer lugares pintorescos.
Algo que distingue a los pueblos mágicos es ese toque encantador, ya sea por lo majestuoso o
por lo austero de su arquitectura, pero siempre con cierta armonía que se hace resaltar por
los colores homogéneos de las fachadas. Otra característica que cautiva al visitante, aunque no
necesariamente es un requisito, son las calles empedradas, que le dan al pueblo un aire pintoresco
o colonial, más que provinciano. La serenidad evidente también distingue a los pueblos mágicos;
en ellos parece que el tiempo transcurre de modo diferente, que la gente no lleva prisa en su
devenir, y el turista que llega pronto se adapta a ese ritmo y lo disfruta, para recibir un descanso
del estrés rutinario de su ciudad.
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