Tras horas de camino sobre la larga carretera San Luis Potosí-Matehuala, de pocas curvas y paisajes semidesérticos de palmas,
garambullos y cactáceas, y de lomeríos en el horizonte, el emblemático cerro del Fraile y una enorme cúpula en la planicie anuncian
la llegada a Matehuala; unos arcos son la puerta de entrada a esta ciudad, que tal vez, sin ser el destino principal de estas vacaciones,
sí constituya un punto de partida para recorrer otros lugares del Altiplano Potosino.
Ya instalado en algún hotel, una buena opción para calmar el hambre es ir a comer las tortas de las Sevillanas, acompañadas como postre
de las deliciosas natillas o de las tradicionales “glorias”. Luego te preguntas qué hay para ver o visitar en “la capital del Altiplano”. Vas al centro
y te dejas llevar por el instinto para darte cuenta de que Matehuala no es una ciudad pintoresca, porque la mayoría de su arquitectura colonial
fue demolida o transformada en comercios; por algo, la ciudad es un centro de comercio y abasto muy dinámico. Entras inevitablemente al
Mercado Arista, donde venden productos y dulces regionales; en las talabarterías, los trabajos artesanales típicos de piel –cintos y botas– se
venden a precios tan atractivos que no dejas pasar la oportunidad.
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